Coches para particulares en Renting, mucho mejor que comprarte uno

Tengo que reconocer que durante muchos años fui un enamorado de los coches. A otros les gusta el fútbol, a otros ir al gimnasio, pues lo mío eran las cuatro ruedas. Hasta de un club me hice para ir a concentraciones y rallies. Me encantaba conducir, estrenar, oler ese aroma a vehículo nuevo y presumir de modelo cada vez que podía.

A lo largo de mi vida he tenido varios coches. Creo que he pasado por todos los modelos, según las modas. He tenido deportivos, compactos, algún todoterreno… de todo un poco. Siempre que veía una oferta o encontraba un modelo que me llamaba la atención, acababa comprándolo.

Pensaba que era una buena inversión, que un coche “propio” era sinónimo de libertad y de tranquilidad. Pero con el tiempo me fui dando cuenta de algo que no quería aceptar, cada coche que compraba valía menos al poco tiempo. Daba igual lo bien que lo cuidara, lo limpio que lo llevara o los kilómetros que hiciera; cada año su valor caía en picado. Esto es algo que es muy curioso, porque un piso, por ejemplo, siempre vale más, pero en este caso los coches cada vez que arrancas, ya se devalúa.

Al principio no le daba importancia. Me decía a mí mismo: “Bueno, los coches son para disfrutarlos”. Pero después de tantos años viendo cómo perdía dinero una y otra vez, empecé a sentir que quizá no estaba tomando las mejores decisiones. Aun así, seguía en la misma dinámica hasta que ocurrió algo que me hizo cambiar de mentalidad por completo.

Siniestro total

Hace unos años me compré un coche espectacular. Era cómodo, potente, con tecnología de última generación… un coche para disfrutar. Estaba realmente orgulloso de él. Y digo era porque ya no está con nosotros. Pero un día, volviendo a casa, tuve un accidente. No fue culpa mía, pero eso no cambió la realidad: el coche quedó siniestro total. El seguro me pagó, claro, pero no lo suficiente como para compensar todo lo que había puesto en ese coche.

Aquel día, mientras hacía trámites y llenaba papeles, me di cuenta de que algo tenía que cambiar. No podía seguir metiendo más billetes en vehículos que, además de depreciarse cada año, podían desaparecer de un día para otro. Y fue entonces cuando empecé a informarme sobre el renting.

Algo desconocido

Al principio era un concepto que veía como algo más empresarial, como para autónomos o empresas. Pero descubrí que el renting para particulares estaba mucho más extendido de lo que imaginaba. Empecé a mirar condiciones, opiniones, ventajas… y cuanto más leía, más sentido tenía todo. No tenía que preocuparme de la depreciación del coche, ni del mantenimiento, ni de las revisiones, ni de los cambios de neumáticos. Pagaba una cuota fija y punto. Sencillo, claro y sin sorpresas. Después de tantos años lidiando con averías inesperadas, impuestos y gastos que nunca terminan, aquello me parecía una especie de liberación.

Decidí probar. Y sinceramente, ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.

Hoy solo tengo coches en renting para particulares. Y lejos de sentir que “no son míos”, lo que siento es tranquilidad. Mucha tranquilidad. Para mí, esa es una de las grandes ventajas: el no preocuparme por nada que no sea disfrutar del coche. Si se rompe algo, solo tengo que llamar a Smile Rent Europa y ellos se encargan de todo. Si toca revisión, está incluida. Si pasa una desgracia como la que viví y el coche queda siniestro, simplemente entrego las llaves y elijo otro. Sin negociaciones, sin pérdidas económicas absurdas, sin dolores de cabeza.

Beneficios

Pero además hay otros beneficios que no conocía antes de probarlo. Por ejemplo, puedo cambiar de coche cada cierto tiempo sin tener que venderlo. Puedo elegir siempre modelos actuales, con buena tecnología y con consumos más eficientes. Y sobre todo, puedo ajustar la cuota a lo que realmente necesito: más kilómetros, menos kilómetros, un coche más grande o más pequeño… es como tener la libertad de comprar, pero sin las responsabilidades y preocupaciones que vienen después.

Mucha gente me pregunta si realmente merece la pena. Y yo siempre respondo lo mismo: para mí, sí. Y no lo digo porque me guste subirme a un coche nuevo cada pocos años, sino porque me siento más tranquilo, más libre y más organizado económicamente. Antes, cuando se acercaba la fecha del impuesto de circulación, la revisión o un cambio de ruedas, me estresaba solo de pensarlo. Hoy, esas cosas ya no forman parte de mi vida.

También estoy más feliz porque siento que mi dinero está mejor aprovechado. Antes pagaba por algo que perdía valor cada día. Ahora pago por un servicio que me aporta comodidad, seguridad y previsibilidad. Y eso, con el tiempo, vale mucho más de lo que imaginaba.